Publicidad:
La Coctelera

elrincondellector

16 Mayo 2008

La sirena varada 2º parte

Florín.

Mentirle no; por dura que sea la verdad, hay que mirarla de frente. (Junto a él con intención.) ¿Me oye, Daniel?; por dura que sea. De nada sir­ve vendarse los ojos.

Daniel.(Angustiado.)

¡Calle! (Recobrándose al sentir pasos.) Buenas tardes, Ricardo. (Sale.)

Don Florín y Ricardo

Ricardo.

Su equipaje está listo. Ahora va Pedrote a pre­parar el coche.

Florín.

No corre prisa.

Ricardo.

¿No se marcha esta tarde?

Florín.

Ya no.

Ricardo.

¿Ha ocurrido algún trastorno? ¿Sirena...?

Florín.

María. No tengas miedo; María va bien. Pero he de esperar; quiero observarla aún.

Ricardo.

Siendo así...

Florín.

Puede ya considerarse fuera de peligro. Pero con tiento, Ricardo; una recaída ahora sería fatal. No tengo confianza en ti.

Ricardo.

Yo, pobre de mí, ¿qué puedo hacer? Si no me permite usted ni verla apenas.

Florín.

Ya habrá tiempo. Y tú haces muy mal enfer­mero. El otro día, contra todas mis prohibiciones, la llevaste a dar un paseo a la orilla del mar. Por la noche la encontré peor; ese azul, ese olor de algas la marea, la vuelve a sus delirios de antes.

Ricardo.

Perdón, no me di cuenta.

Florín.

Y aquí mismo, ¿qué hace esa ventana abierta? Entra el rumor del mar. (Ricardo la cierra.) Tam­bién eso la marea; le da vértigos todo. Es pre­ciso que cuando yo me marche sea en la segu­ridad de que mis órdenes se cumplen; que ni en los gestos ni en las palabras, ni en los vestidos siquiera, haya nada que no sea simple y natural. Y no le llames Sirena, por lo que más quieras.

Ricardo.

Sí, sí, se hará.

Florín.

Hasta en las luces; nada de luces verdes y rojas; esta luz blanca... y el sol mejor que nada.

Ricardo.

Lo que usted diga.

Florín.

Y si fuera posible, otra casa, en el monte... Un hogar. Esta, con ese aire de brujería, le des­troza los nervios a cualquiera.

Ricardo.

Todo lo que sea preciso. Todo, con tal de de­volverle la razón.

Florín.

La razón... ¡Cómo la pides ahora! También antes pedías la locura y cuando la encontraste no tuviste más que instinto para volverte atrás.

Ricardo.

Ya pasó. No hablemos más de eso.

Florín.

Dichosamente. Pero piensa en aquel tu afán de deshumanizar la vida, y mira a los demás. Lo que para ti era un simple juego de ingenio era para ellos dolor; operabas sobre carne viva. Y no viste la locura de María, ni el hambre mise­rable de Samy, ni siquiera la tragedia pueril de ese pobre Fantasma que tenía miedo de su pro­pia sombra y se moría de fe por los desvanes.

Ricardo.

No necesita decirme nada, don Florín; ya lo he medido todo.

Florín.

Y tus sentimientos... ¿los has medido también?

Ricardo.

También.

Florín.

¿Y quieres a María? ¿Estás seguro?

Ricardo.

Con toda mi alma.

Florín.

Pues bien; ya te la voy a devolver curada. Pero... pudiera ser que la verdad que vas a encontrar ahora sea bien triste.

Ricardo.

Como sea.

Florín.

¿La quieres de todos modos?

Ricardo.

Basta. ¡La quiero! (Entra Sirena.)

Florín.

Ahí la tienes. (Bajo.) Despacio Ricardo. (Jo­vial.) Hola, Maruja. ¿Como anda esa cabecita?

Sirena.

¡Oh, bien!; muchas gracias.

Florín.

¿Ya no hay mareos?

Sirena.

Nunca me sentí mejor. Ahora quisiera trabajar un poco en esta lana. ¿Puede ser?

Florín.

Bien. Sin esforzar mucho la atención, ¡eh! (Sirena le estrecha las manos. A Ricardo.) Des­pacio. (Sale.)

Sirena y Ricardo

Sirena.

¿No te molesto?

Ricardo.

¡Oh, no! ¿Por qué?

Sirena.

Don Florín me dice siempre que estás tan ocu­pado. Yo también; mira. (Muestra su labor: unos zapatitos de lana blanca.) Tanto tiempo que no hacía estas cosas; creí que se me había olvidado. Se me olvida todo; no sé lo que me pasa.

Ricardo.

Cansancio; estás todavía muy débil.

Sirena.

Todavía. ¿Y desde cuándo? Muy larga ha de­bido de ser mi enfermedad; todos habláis de ella como de una cosa de siempre. ¿Estabas ahora ha­ciendo algo?

Ricardo.

No...; pensaba.

Sirena.

¿Qué pensabas?

Ricardo.

Una cosa que quería consultar contigo. Dime: ¿te gusta esta casa?

Sirena.

Sí...

Ricardo.

Con franqueza. ¿No te gustaría más una casa en el monte, con árboles?

Sirena.

Sí, eso sí; y con mucho silencio. Esta es tan... rara. Yo recuerdo mi casa de antes, con papá Samy. ¡Aquélla sí que era triste! Tenía una luz verde... Papá bebía cerveza y se sentaba en el suelo a tocar la guitarra; y se le caían las lágrimas. Después me leía un libro grande que habla­ba de Dios.

Ricardo.(Inquieto.)

No pienses en eso.

Sirena.

Lo recuerdo a veces. Eso, y otras cosas; todo como si lo hubiera soñado. Y me ocurre que no sé separar lo que es verdad y lo que es mentira. Porque hay cosas... (Se queda fija, con un es­fuerzo de memoria.) Hay cosas que no pudieron ser verdad.

Ricardo.(Detrás de ella, le pasa la mano por la frente con ternura.)

No pienses, no te esfuerces.

Sirena.(Le coge las manos sin mirarle.)

Pero si es mentira, ¿cómo lo sueño tantas ve­ces? Unos ojos fríos, pequeños... Y un látigo en la mano...

Ricardo.

Deja, no pienses más, Sirena.

Sirena.

Sirena... ¿Por qué me llamas así? ¿No te gus­ta mi nombre?

Ricardo.

Sí, es muy bonito: María.

Sirena.

María es un bonito nombre; tan sencillo... Y Sirena... ¿Quién se llamaba así?

Ricardo.

Cualquiera, ¿qué importa?

Sirena.

Sirena...

Ricardo.

¡Ea, basta!; es preciso que no te esfuerces en nada. Y no trabajes tampoco; deja eso.

Sirena.

No, esto hay que acabarlo pronto. Puede hacer falta cualquier día.

Ricardo.

¿Qué, esto?

Sirena.

Esto; unos zapatitos de lana, para que tenga los pies bien abrigados.

Ricardo.

Posts relacionados:

servido por elrincondellector sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Soy un chico que opina que la vida son 2 días y que almenos 1 y medio hay que pasarlo kritiando a los politikos que no acen nada (100% de los polçitikos). bueno un saludo

Últimos comentarios

Fotos

elrincondellector todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera